Un Chin de Miel

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Publicado: Martes, 03 Junio 2014.

Padre Luis Rosario

Por P. Luis Rosario

La violencia se ha incrementado de tal forma, tanto en nuestro país como fuera de él, que apenas causan impacto las noticias de guerras, atentados, asesinatos y catástrofes de cualquier género. La armonía y amabilidad, personal y social, parecen estar en crisis.

Los hombres y mujeres del siglo XXI, que han estudiado o tal vez vivido, las experiencias de las guerras mundiales y de un continuado atentado a la paz mundial, apenas ven en la violencia un crimen contra la fraternidad y relación pacífica entre los seres humanos. Más aún, parecen considerar los conflictos como el camino normal para la solución de los problemas.

Mientras, desde el punto de vista académico, la educación ha logrado convertirse en ciencia pujante, con infinidad de aportes suministrados por la sicología y otras ciencias afines. Desde el punto de vista práctico, sus esfuerzos no han llegado a calar en la humanidad hasta lograr su «humanización», de lo cual el permanente sistema de violencia es su más patente manifestación.

Los niños y niñas son educados naturalmente a la venganza, que se expresa a través de la agresión, incluso física, hasta el punto de ser considerado cobarde quien no responda mal por mal. La amabilidad y la gentileza se han escapado de las aulas.

La ley del talión, codificación de la venganza primitiva, tiene plena vigencia todavía. El hombre y la mujer contemporáneos consideran valedero el «ojo por ojo y diente por diente» y, aunque no siempre lo realicen materialmente, lo manifiestan abiertamente a través de agresiones y formas descorteces de trato que, no pocas veces, se expresan también a través de la violencia física y moral.

La familia, lugar de expresión más profunda del amor, se encuentra también bombardeada por la violencia «UN CHIN DE MIEL»Una palabra respetuosa, bondadosa y amable, es capaz de resolver más fácilmente los problemas, que los gritos y peleas.que se respira a nivel general. Son comparativamente pocas las familias que disfrutan de armonía: Muchas se debaten entre la vida y la muerte.

No es raro que los mismos esposos se conviertan en protagonistas de peleas, discusiones y ofensas mutuas, que con frecuencia concluyen en la separación, con el consiguiente desajuste que a nivel emocional se produce, tanto en ellos, como en sus hijos e hijas.

Los lugares de trabajo, talleres, empresas, oficinas, comercios, mercados, son con frecuencia, escenarios de esta desarmonía, más aún, del aprovechamiento opresor de quien se considera con mayor poder sobre el otro. No son pocas las mujeres jóvenes que se quejan, por ejemplo, de que sus jefes las acosan sexualmente, viéndose ellas, muchas veces por debilidad o por necesidad, en la obligación de acceder a sus solicitudes.

El cine, por su parte, la televisión, la internet, la radio y los medios de comunicación en general, se han transformado en escuela de descortesía y violencia. Añádasele a esto, algunos «deportes» que, como el boxeo y la lucha libre, encuentran en el público, entusiasta acogida y cuya finalidad no es otra que aprovechar comercialmente los instintos salvajes del ser humano, que se expresan a través de la agresión, la venganza y el predominio de la fuerza bruta sobre la razón.

Es indispensable que cada persona se humanice y supere su etapa primitiva. Parece mentira que el hombre y la mujer que viven la edad de las conquistas espaciales, la globalidad y el desarrollo técnico y científico sin precedentes, no hayan logrado todavía conquistar un grado de humanidad y trato cortés tal, que les permita vivir en armonía con sus semejantes.

Se requiere que cada uno desarrolle en su persona y en su ambiente, gestos de amabilidad, de paz y no de violencia.

Que aprenda a saludar amablemente y sonreír a su semejante. Que considere como un deber de conciencia, el ser justo y compartir con los que le rodean: Que ponga a circular sus bienes y sus valores personales para beneficio de la humanidad.

Es menester igualmente, un nuevo lenguaje con palabras amables y de paz, no de violencia. Si se examina el lenguaje utilizado por gran parte del pueblo, son más que frecuentes las expresiones cargadas de agresividad: «Te voy a cortar la cabeza» «Desgraciado» «Ojalá se muera» «Loco viejo»…y otras muchas que no son publicables. La palabra es el puente principal de la comunicación, y este puente se rompe cuando no hay amabilidad.

Los problemas humanos no se resuelven a través de la violencia. Recurrir a la violencia física o moral es la señal más clara del fracaso de la humanidad: Es retornar a la etapa salvaje y primitiva en la que la razón no tiene espacio.

San Francisco de Sales, el obispo ginebrino del siglo XVII, que sirvió de inspiración al sistema educativo de Don Bosco, fue quien acuñó la expresión: «Se cazan más moscas con un CHIN DE MIEL que con un barril de vinagre».

Indicaba así que una palabra respetuosa, bondadosa y amable, es capaz de resolver más fácilmente los problemas, que los gritos y peleas.Esto necesita hoy la humanidad: Desechar el vinagre, la pelea, las guerras, las armas, la violencia, la agresividad, para darles a degustar a los demás «UN CHIN DE MIEL».

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