ESTADO CONFESIONAL Y LIBERTAD RELIGIOSA (1a. PARTE)

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POR: R.P. ROBERT BRISMAN
misreflexionespadrerobert.blogspot.com
robertbrisman@gmail.com
 

«Jesús se quedó admirado al oír esto, y dijo a los que le seguían: Les aseguro que no he encontrado a nadie en Israel con tanta fe como este hombre» (Mt 8,10).

Desde hace unas semanas atrás, nuestra sociedad ha venido enfrascándose en un debate casi a nivel nacional sobre el tema de, si se lee o no la Biblia en nuestras escuelas. Este debate surgió en el Congreso Nacional, específicamente en la Cámara de Diputados, ya que fue presentado este tema por dos legisladoras, una que aducía que la lectura de la Biblia debía de ser obligatoria y otra que aducía la opinión contraria, es decir, que no debía de leerse ya que invocaba la laicidad del Estado dominicano. Pues esto encendió la alarma en la sociedad y se expresaron diferentes opiniones, tanto a favor como en contra de una y otra postura.

Debemos de tener en cuenta que, una de las características de nuestra sociedad dominicana es que, lamentablemente, es una sociedad politizada. Todo se mira desde la política. Hay una intención muy marcada de manejar políticamente los temas, y el religioso no escapa a esto. Este tema de la lectura de la Biblia en nuestras escuelas cayó en este manejo politiquero. Por otro lado, a este tema se le ha dedicado horas enteras en los medios de comunicación y las redes sociales; hasta mesas de debate, etc. Es lamentable que, en la presentación de las opiniones, sobre todo en las redes sociales, se haya caído en lo que podríamos llamar la indecencia, la vulgaridad y falta de respeto hacia las personas que iniciaron con el tema. Para expresar nuestras diferencias de opinión, no esnecesario caer en la descalificación soez y ofensa nimaltrato verbal. Esa actitud quita fuerza al mismo debate de las ideas. El apóstol Pedro , en primera carta 3,15 nos dice a los creyentes: «Estén siempre dispuestos a dar razón de su esperanza a quien se lo pidiere». Pero para poder hacerlo, debemos de estar permanentemente informados y formados, no sólo en nuestra mente, sino en nuestra conciencia.

En estas próximas entregas de nuestra revista Palanca, es lo que queremos hacer. Debemos de aclarar que nosotros no tenemos ni ostentamos la vocería de nuestra Iglesia Católica en la República Dominicana. Eso es de competencia exclusiva de la Conferencia Episcopal Dominicana. Lo que sí queremos hacer es nuestro aporte a este tema que sigue en la palestra pública y que sigue también concitando variadas opiniones tanto a favor como en contra de ambas posturas. Comenzaremos por presentar argumentos desde el derecho, sin pretender jamás dar la impresión de que somos expertos en ese terreno. Veremos lo que nos dice la Declaración Universal de los Derechos Humanos con respecto a la Libertad Religiosa; después mencionaremos lo que nos enseña la Doctrina Católica con respecto a la misma en sus diferentes documentos del Concilio Vaticano II; mencionaremos una que otra idea de algún experto en este campo del derecho, y al final, en la conclusión, es donde expresaremos nuestra opinión o aporte. Es un aporte que está basado no sólo en lo referente a nuestra fe y sacerdocio ministerial, sino también en lo referente a nuestra condición de ciudadanos de este país.

Comencemos por la realidad de la Rep. Dom. La historia fundacional de nuestro país está cimentada sobre la base de la fe cristiana católica. Lo vemos en el legado de nuestros próceres de la independencia: el juramento trinitario, la Biblia y la palabra Dios en el escudo nacional, la cruz en la bandera, el nombre de la República Dominicana y su capital Santo Domingo de Guzmán, y todo el ideario duartiano sobre la importancia de la religión en su vida familiar, personal y pública. Al redactar su proyecto de Constitución de la RD, Duarte estableció el siguiente principio: «La religión predominante en el Estado deberá ser siempre la católica, apostólica, sin perjuicio de la libertad de conciencia y tolerancia de cultos y de sociedad no contrarias a la moral pública y caridad evangélica». Para Duarte la religión no fue una máscara de hipocresía ni envoltura de denigrante oportunismo. Fue código de vida y también recurso imponderable para trazar un futuro mejor para la Patria.

Por otro lado, está el tema relacionado con el Concordatofirmado entre el Estado Dominicano y la Santa Sedeen 1953 por el presidente de entonces Rafael Leónidas Trujillo Molina y el papa Pío XII. Muchas personas le endilgan a este acuerdo muchas limitaciones, errores y discriminaciones hacia otras creencias. Pero en realidad este acuerdo no contraviene la Constitución dominicana ni tampoco es causa de que en nuestro país no se puedan practicar otras creencias religiosas. Este Concordato en su art. 1 dice: «La religión católica, apostólica y romana sigue siendo la de la nación dominicana y gozará de los derechos y de las prerrogativas que le corresponden en conformidad con la ley divina y el derecho canónico». Art. III no. 1 dice: «El Estado dominicano reconoce a la Iglesia Católica el carácter de sociedad perfecta y le garantiza el libre y pleno ejercicio de su poder espiritual y de su jurisdicción, así como el libre y público ejercicio del culto». Y en el no. 2 dice: «La Santa Sede podrá sin impedimento promulgar y publicar en la RD cualquier disposición relativa al gobierno de la Iglesia».

Como vemos, el Concordato entre la Santa Sede y el Estado dominicano no es causa ni prohíbe ni cuarta el ejercicio y práctica de otras creencias religiosas, ya que la Santa Sede reconoce el derecho absoluto y soberanía de los Estados para establecer relaciones, acuerdos y contratos con quien considere. Eso es de materia exclusivay única de cada Estado, y en eso la Iglesia no interfiere.Por otro lado hay que decir que el Estado dominicano tiene acuerdos establecidos con otras iglesias cristianas no católica, como lo es el CODUE (Confederación de Unión Evangélica), en materia de legislación sobre la familia, el matrimonio, educación y exenciones para su libre ejercicio evangelizador.

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