¿Y EL CAMBIO INTERIOR PARA CUÁNDO?

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Por: Enrique Feliz

Quién que tenga un carro viejo que le esté dando problemas, que a veces se niega a encender, que con frecuencia se sobre calienta, que a menudo se le apaga en la carretera, y que haya que empujarlo para que arranque de nuevo, ¿no va a querer aprovechar una oferta del fabricante para cambiárselo por otro nuevo sin costo alguno?

Y si usted y yo estamos dispuestos a hacer eso con un carro viejo, por qué nos tardamos tanto en acogernos a la oferta para cambiar a una nueva vida, más aún si esta nos llega precisamente, para decirlo de un modo diferente, del «fabricante» de la vida que es nuestro Padre Creador.

Cada vez hay más personas en el mundo que harían cualquier sacrificio con tal de experimentar cambios cosméticos que les den una nueva apariencia en lo externo, para lucir con una imagen renovada.

Falsa, vanidosa y engañosa percepción.

¿Y la transformación interior para cuándo?

La imagen que el auténtico cristiano debe buscar ha de ser siempre aquella que nos devuelva nuestra semejanza a Dios. Y el camino para lograrlo conlleva aventurarse a transitar las interioridades de nuestro ser.

Solamente así, podemos llegar a experimentar una nueva vida, la vida verdadera y auténtica de donde brota la belleza inmarchitable del Espíritu. Jesucristo hizo la promesa de enviar el Espíritu Santo a los que creyeran en Él y resulta que es precisamente su Espíritu en nosotros el único que puede motorizar el cambio para pasar de vida vieja a vida nueva.

¿Pero qué ocurre cuando usted recibe un regalo que no destapa?

Nunca sabrá lo que es disfrutar plenamente los beneficios que se derivan de su uso.
El Espíritu Santo es vida, la actividad de Dios en nosotros.

Reconocer esa presencia en la cual nos movemos, vivimos, y tenemos nuestro ser, es abordar la vida de una manera nueva, pues la misma trae consigo el poder que ilumina, limpia, sana, cambia, transforma, vivifica, santifica y libera.

En política se dice casi siempre con malicia, que el poder es para usarlo.

En el Espíritu, en cambio, sabemos que el Poder que es Dios nos usa para Él ser en y a través de nosotros, siempre y cuando lo reconocemos, le damos acogida, cuando le damos nuestro consentimiento para que lleve a cabo su obra en y por medio de nosotros.

Podemos tener vida nueva en el Espíritu Santo porque el que está en Cristo nueva criatura es.
Vida nueva significa nueva manera de pensar, de hablar, de ver el mundo, de relacionarnos con los demás, de vivir y de ser.

Ya no somos reactivos sino proactivos.

Vida nueva quiere decir que donde otros están maldiciendo, nosotros estamos bendiciendo.
Donde unos sólo alcanzan a ver la desgracia, nosotros estamos dando gracias.
Cuando los otros están durmiendo nosotros estamos intercediendo.

Antes nos sentíamos abatidos y ahora estamos enaltecidos.

Y mientras los otros se están lamentando, nosotros estamos alabando.

Una vida nueva en el Espíritu Santo, necesariamente tiene que producir en quien la experimenta, una rica y abundante cosecha de frutos para la gloria de Dios, lo cual sólo es posible cuando le damos fiel cumplimiento al mandato que hemos recibido del Señor, que es el mandamiento del amor.

La buena noticia es que tu mundo cambia contigo. ¿Te animas a intentarlo, amigo?

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