TESTIMONIO Ezequiela Ortiz | Cursillo 866

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POR: Ezequiela Ortiz CC/773

Ha sido un milagro, una gracia inmensa las vivencias compartidas junto a la comunidad de hermanas y a los sacerdotes, diáconos, y junto a todos los que oraron y se sacrificaron por los frutos del cursillo 866, y nos hizo ser testigos de la Gloria del Dios.

Ver la tristeza que arropa a tantas mujeres jóvenes, mayores, de diferente extracto social, profesionales en su gran mayoría. Muchas con vida de fe activa en sus parroquias, pero tristes, sin esperanzas que llegaron a cursillo respondiendo al llamado del Señor.

En los 40 casos las respuestas fueron diferentes, unas respondieron por cumplir con quien les invitó, siendo Cristo mismo en la persona que llenó la ficha, porque cuando se actúa por amor, actuamos cómo Cristo nos enseñó. Otras buscaban llenar un vacío, y se acercaron al pozo con un corazón dispuesto a ser llenado de agua viva. En fin, diversas razones humanas, siendo la misma razón divina para las 40 cursillistas, responder al llamado de Dios, ese llamado que esta constantemente marcando y comunicando cómo las ondas radiales pero que nuestro aparato receptor no pone el dial hasta ese jueves de entrada a cursillo, cuando en principio se escucha como señal intermitente y al salir el domingo se escucha con una fidelidad de sonido y la acústica más adecuada y armoniosa, cual latido del corazón, que es vida que late.

Entre ellas surgió una armonía cual vasija en manos de alfarero, el que con delicado toque fue moldeando las formas más hermosas de su obra de arte en 40 mujeres, fue colocando y sumando en esta forma doce corazones que se entregaron para ser medios de transmitir un mensaje, cual razón intrínseca del corazón que bombea sangre por todo el cuerpo, así, mientras estábamos en manos de Jesús, recorría en su obra su sangre, aquella que certifica la alianza nueva y eterna.

Las jóvenes cuidaban de las mayores, todas cuidaban tenían detalles de amistad sincera entre si, unas a otras se abrazaban, se confortaban, se miraban y veían cómo cada día el brillo de sus ojos iluminaban el camino por el que las 52 transitaban. Misterio es que un grupo tan diverso se fuera convirtiendo en uno en Cristo y por Cristo, siendo uno en Él, como Él es uno con el Padre. Si Cristo en tres años vivió y nos dejó su mensaje de la Buena Nueva del Reino de Dios, así en estos tres días Jesús nos acompañó para hacer latente en nuestra vida su mensaje de amor. El Reino de Dios se hizo presente en todas nosotras, con un 4to día que, confiadas en su palabra, será hasta llegar con Él a la morada que nos ha preparado, llevando con nosotras nuestras familias, amigos, nuestra patria que es ya patria suya, pues nuestro escudo lo certifica: Dios, Patria y Libertad.

Somos mujeres verdaderamente libres porque poseemos la verdad. Estamos en comunión de los santos esperando confiadas la misericordia infinita de nuestro Padre.

Oremos cada día para que estos 40 nuevos tractores se mantengan en el camino, con su eje central que es la Gracia Santificante, con cada una de sus piezas funcionando, y si alguno llega a detenerse, si alguna pieza llega a fallar, que Dios le conceda la inteligencia de llamar al ingeniero que conoce el tractor y es capaz de echarlo andar.

Es hermoso saber y reconocer que el milagro de la encarnación se hizo presente, porque cuando el Espíritu Santo, aceptado libremente por María, llena de Gracia, actúa en ella y con ella, entonces da vida a Jesús en ti y en mi. Alabado sea Dios, que nos permitió gozar este cursillo con Jesús, porque si el vino para que tengamos vida en abundancia, el plan contempla que es ¡pa’Gozaaaaa!

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