Revista Palanca Septiembre 2019

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El papa san Juan XXIII, en su carta encíclica Madre y Maestra (Mater et Magistra), de 1961; nos dice que la Iglesia Católica fue fundada por Jesucristo para que, en el transcurso de los siglos encontraran su salvación, con la plenitud de una vida más excelente, todos cuantos habían de entrar en el seno de aquélla y recibir su abrazo (n.1). Y ya el papa san Pablo VI nos insistirá en su carta encíclica «El Anuncio del Evangelio (Evangelii Nuntiandi)», que la Iglesia existe para evangelizar. Por lo tanto, la misión de la Iglesia de Jesucristo es procurar la salvación de las almas.

Pues teniendo en cuenta estas enseñanzas de estos santos papas, tenemos la agradable noticia de que ha llegado a nuestro país, concretamente a nuestra Arquidiócesis de

Santo Domingo, el apostolado dedicado al trabajo evangelizador para personas con atracción al mismo sexo (PAMS), llamado Courage. Este apostolado nació por inspiración e iniciativa del sacerdote norteamericano John Harvey, OSFS; en los Estados Unidos de Norteamérica. Este apostolado es un modelo que ha dado resultados exitosos para la atención pastoral de personas con atracción al mismo sexo. Es bueno saber además que, este no es el único apostolado que existe dentro de nuestra Iglesia que se dedica de manera especial a estos hermanos en la fe; existen otros como Dignity en los Ángeles, CA. También es bueno saber que estos apostolados eclesiales cuentan con el aval o aprobación de nuestra alta jerarquía, comenzandopor los últimos pontífices. En unos países ya tienen una largatrayectoria de experiencia pastoral, y en otros, como es nuestro caso, apenas se iniciará formalmente, -con la aprobación del arzobispo-, dicho trabajo eclesial.

Es bueno resaltar que este trabajo pastoral con estos hermanos en la fe, no es una novedad en el sentido de que es iniciativade algunos fieles católicos. Esta enseñanza está ya desde hacevarias décadas atrás establecida por nuestra Iglesia como parte de la doctrina y enseñanza cristiana: recordemos que una cosa es el pecador y otra es el pecado; que Dios nuestro Padre, ama al pecador, pero rechaza el pecado; que Cristo vino a sanar a los enfermos (pecadores) de la enfermedad del pecado y hacerlos participes de la salvación. Es la persona la que hay que sanar, liberar y salvar de la esclavitud del pecado.

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