El ángel trae una buena noticia

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Gerry Durán Bergés
Cursillo 604

El evangelio de Lucas 1: 26-38 nos narra el anuncio del Nacimiento de Jesús, para lo cual Dios envió al ángel Gabriel para decirle a María: “Concebirás y darás a luz un hijo, a quien llamarás Jesús”; pero antes de darle la noticia principal, el ángel le hace saber a María el amor y la preferencia de Dios hacia ella, cuando le dice: “Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo” y “No temas, María, que gozas del favor de Dios”.

Después de leer este evangelio, me surge la siguiente pregunta: ¿estamos nosotros realmente conscientes del gran amor que Dios siente por nosotros? La realidad es que humanamente nos cuesta comprender y aceptar el plan que Dios tiene para cambiar nuestras vidas, y nos puede venir la duda ¿Puede nacer Jesús en mi corazón y cambiar mi vida? Claro que sí.

Solo nos hace falta tener fe y creer en las palabras que el ángel Gabriel le dijo a María: “Pues nada es imposible para Dios”.

Puedo dar testimonio de que la gracia y presencia de Dios en nuestras vidas es motivo de alegría, por eso le agradezco a Dios haberme dado la oportunidad de tener un encuentro personal con Él, cuando en el año 1995, participé en el Cursillo de Cristiandad celebrado en Casa San Pablo. A partir de esa experiencia aprendí a vivir el verdadero significado de la Navidad, conocí el amor y la misericordia de Dios, pude sentir que mi Dios está vivo, que solo necesita que le abramos nuestro corazón para que el haga su morada en nosotros y podamos decir con júbilo que Cristo vive.

Para vivir, espiritualmente, el Nacimiento de Jesús en nuestro corazón, debemos reflexionar y preguntarnos: ¿cómo está nuestra relación con Dios?, ¿está nuestro corazón preparado para recibirlo? Este tiempo de Adviento es propicio para pedirle a Dios que nos ayude a tener nuestro corazón preparado, para que verdaderamente su hijo Jesús nazca y permanezca en cada uno de nosotros y de nuestras familias. Que a través del milagro de la Navidad y con Jesús, María y José, Dios nos ayude a aumentar nuestra fe y que, como María, podamos donarnos totalmente y sin condiciones a Dios, y hacer nuestras estas palabras en Filipenses 4:13: “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece”.

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