Revista Palanca Enero 2017

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MISERICORDIA ET MISERA

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El 20 de noviembre pasado, tuvo lugar en Roma la clausura del Año Santo de la Misericordia que el santo padre quiso llevar a toda la Iglesia y a sus hijos para que profundicemos en esta característica fundamental de nuestra fe cristiana. Pero el papa quiso, además de la celebración eucarística de clausura, escribir o dejarnos un legado o enseñanza permanente por medio de una carta apostólica a toda la Iglesia, que se titula «Misericordia et Misera». Este es un título que algunos teólogos y autores laicos han cali cado de poco inusual porque combina un nombre y un adjetivo: la misericordia y la miseria (miserable, alguien que está roto o quebrado, frágil, dañado, y que necesita en consecuencia de la misericordia), acompaña al sustantivo como un adjetivo. No está haciendo referencia al sentido del insulto.

El papa ha querido dejar bien claro que si por un lado la celebración del Año Santo de la Misericordia llegó a su n, por otro lado, la misericordia nunca acaba.

Dios siempre está ofreciendo su misericordia al ser humano hasta el n del mundo. La misericordia es por eso un don de Dios que nos ha sido revelado en su Hijo Jesucristo, y éste a su vez, lo ha entregado a su Iglesia para que la siga ejerciendo y ofreciendo, en su nombre, a todos los hombres y mujeres de todos los lugares y todos los tiempos. La misericordia de Dios es el gran tesoro de la Iglesia y como tal el papa insiste y pide a los católicos que sigamos ejerciéndola y ofreciéndola incansablemente; la misericordia, las obras de misericordia tanto espirituales como corporales deben ser una práctica permanente nuestra. Debemos dejarnos guiar por el espíritu de piedad que está detrás de estas obras de misericordia. Debe de ser un verdadero y profundo amor a Dios el que nos conduzca a esta práctica siempre.

Dice el papa que si la Iglesia no muestra o no se mani esta como ese vehículo de misericordia, no sirve para nada, no tiene sentido su misión para la salvación de todos los hombres; la Iglesia debe de ser camino seguro y puerta abierta de misericordia. Formar parte de la Iglesia no consiste en ser parte de una militancia especí ca, no se trata de cumplir un conjunto de leyes o normas especí cas; es verdad que nuestra Iglesia tiene sus normas, principios, documentos, etc., pero todo existe para estar al servicio de esta gran obra de misericordia.

Esto nos tiene que llevar a preguntarnos el por qué una persona que estaba alejada de la Iglesia viene o regresa a ella. Y lo más seguro es que esa persona se deja inundar toda por la misericordia que la Iglesia misma le proporciona, sobre todo a través de los sacramentos, medios por excelencia que nos dejó nuestro Señor Jesucristo para que sigamos experimentando su gran e in nita misericordia.

Pero no todo es gozo, es decir, no han faltado una vez más quienes, en una abierta actitud anti papal, anti clerical, anti eclesial o anti católica, etc., empezaron a hacer sus conjeturas con respecto a esta carta apostólica. Son varias las opiniones a favor y en contra, y hasta de manipulación que se han estado emitiendo. Todo esto es sin duda una actitud más de desprecio que se mani esta porque una gran parte de la humanidad no ha comprendido lo que signi ca la misericordia de Dios. Incluso muchos católicos opinan en contra de esta exhortación del Santo padre a seguir practicando la misericordia. En esta carta, el Santo padre ha querido y mandado el que, la Iglesia, -como depositaria y dispensadora de la gracia divina-, sus sacerdotes sigan ofreciendo este don de Dios a todos los hombres que así lo necesiten y busquen. Por esto ha dado potestad a todos los sacerdotes, -en razón de su ministerio-, para que absuelvan válidamente el pecado del aborto. Con esto el papa no ha dicho ni declarado que el aborto no sea malo o pecado; al contrario, el papa ha reiterado en el mismo documento la gravedad y pecaminosidad del crimen del aborto. Con esta medida, el papa lo que ha cambiado es una normativa de la Iglesia, pero no de la moral cristiana católica. La absolución del pecado del aborto estaba en la lista de los «pecados reservados», es decir, la absolución del mismo estaba reservada sólo al obispo o a un sacerdote delegado por el obispo; pues a partir de ahora, la absolución del pecado del aborto puede y debe ser ejercida por cualquier sacerdote hasta que se dicte otra norma, según el Santo padre. Y es que esta medida es de gran valor para la práctica de la fe y el alivio espiritual y de conciencia de los eles católicos que estén en la necesidad de experimentar la misericordia divina ejercida con autoridad por la Iglesia en nombre de Cristo.

Leamos con detenimiento y un profundo espíritu de misericordia esta carta del papa Francisco que nos entrega a los católicos como guía para el ejercicio de una verdadera piedad. La carta está disponible en muchos y confiables portales católicos en internet. No nos dejemos manipular por los enemigos de Cristo y su Iglesia. Recordemos que el mismo Señor nos dio un espíritu de discernimiento para que aprendamos a quedarnos siempre con todo lo bueno que Él nos regala.

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