«EL PRINCIPIO DEL FIN»

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«Hemos sido investidos de misericordia para revestirnos de sentimientos de misericordia».

Por: +MONS. AMANCIO ESCAPA, OCD
Obispo Auxiliar de Santo Domingo Asesor del MCC

Así hablaba el papa en el recién clausurado Año de la Misericordia. Recordemos la distinción que hacía San Agustín de la misericordia en estéril y fecunda.

Estéril la que mira, siente, pero pasa de largo.

Fecunda la que mira, siente y se dispone a levantar al caído dejado medio muerto en la orilla del camino.

Recordemos que una de las claves características del jubileo era el simbolismo de traspasar la Puerta Santa, este año especial en que todas las Diócesis del mundo tuvieron la oportunidad de tener sus Puertas Santas. A través de ellas, entrando, se buscaba el acercarnos al encuentro con Dios, con la mirada puesta en el rostro misericordioso del Padre, Jesucristo, para descubrir la ternura de un Dios cercano, que espera con los brazos abiertos recibir a sus hijos siempre amados.

A lo largo del año hemos experimentado este acercamiento, este encuentro. Hemos peregrinado en busca de ese encuentro recorriendo varios pasos.

Primero, tal como lo pedía el papa, reconociendo la necesidad de experimentar en nosotros mismos la misericordia de Dios hecha ternura, aceptando nuestra condición de pecadores y sintiendo la alegría del perdón siendo nosotros primero los receptores del amor de Dios. Fruto de esta experiencia ha surgido la paz, la alegría al saber que Dios nos acoge, nos perdona porque nos ama.

Quería el papa «que este año jubilar fuese una año de gracia, de conversión, de cambio de mentalidad».

En el transcurso del año hemos tenido celebraciones, nos hemos reconciliado con Dios, que sabe esperar.

Al traspasar la Puerta Santa en cualquier lugar del mundo, por disposición privilegiada del papa para este año jubilar, hemos tenido la oportunidad de contemplar el rostro del Padre, en el rostro de su Hijo Jesucristo, «imagen visible del Dios invisible».

«En este año la Iglesia ha sabido ponerse a la escucha y ha experimentado la presencia y cercanía del Padre misericordioso».

Todo esto ha ocurrido, en un primer paso, al traspasar hacia «adentro» la Puerta Santa. El año jubilar ha terminado, pero la misericordia no.

Es hora de dar media vuelta y mirar en dirección contraria, hacia «afuera», porque así como la puerta se abría para entrar también se abre para salir.

Ha sido maravilloso el encuentro por la peregrinación, la entrada, la escucha de la Palabra, la reconciliación. Ante esta dimensión, quizás resuena en nuestros oídos y se goza nuestro corazón al poder exclamar, como Pedro en el monte Tabor: «Qué bien se está aquí».


Pero no. Estamos llamados a seguir caminando. Ahora, del encuentro con Dios, al encuentro con los hermanos. Salir cruzando la Puerta Santa para llevar a los demás lo que hemos experimentado. «Contemplata aliis tradere», que decían los antiguos. Es decir llevar a los demás lo que hemos visto y oído.

Decía el papa en la clausura: «Termina el jubileo y se cierra la Puerta Santa. Pero la puerta de la misericordia de nuestro corazón permanece siempre abierta de par en par. Hemos apreciado que Dios se inclina hacia nosotros para que también nosotros podamos imitarlo inclinándonos hacia los hermanos. El camino de la misericordia es el que nos hace encontrar a tantos hermanos y hermanas que tienden la mano esperando que alguien la aferre y poder así caminar juntos.

Esto es lo que indica el título de este artículo. Esto es el principio del fin.

Han terminado las celebraciones, el camino de la peregrinación ha recorrido una etapa, hemos experimentado la cercanía de Dios. Hemos sido «misericordiados».

Ahora es el tiempo del compromiso. Lo que el papa resume en una sola palabra, es el tiempo de «Misericordiar». Es decir

convertirnos en instrumentos de la misericordia.

Es concretar la misericordia recibida de Dios en signos concretos, acciones concretas a favor de los más desposeídos.

«En este año, dice el papa, se han realizado signos concretos de misericordia. Comunidades, familias y personas creyentes han vuelto a descubrir la alegría del compartir y la belleza de la solidaridad. Y aun así, no basta. El mundo sigue generando nuevas formas de pobreza espiritual y material que atentan contra la dignidad de las personas. Por este motivo, la Iglesia debe estar siempre atenta y dispuesta a descubrir nuevas obras de misericordia y realizarlas con generosidad y entusiasmo».

Recordemos siempre, como decía el papa en el día de la clausura, que el Reino de Dios «está en camino». No está detenido. Es más: El reino de Dios se hace todos los días. No es de este mundo, pero hay que realizarlo y construirlo en el hoy y aquí de las realidades temporales.

La carta apostólica del Santo Padre Francisco al concluir el Jubileo de la Misericordia, será objeto de nuestras re exiones durante este nuevo año en SINTONIA CON LA IGLESIA.

«Continuemos nuestro camino juntos como imagen de lo que hemos celebrado en el Año Santo, un tiempo rico en misericordia, que pide ser siempre celebrada y vivida en nuestras comunidades. En efecto, la misericordia no puede ser un paréntesis en la vida de la Iglesia, sino que constituye su propia existencia, que mani esta y hace tangible la verdad profunda del evangelio. Todo se revela en la misericordia; todo se resuelve en el amor misericordioso del Padre».

 

 

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