La familia tradicional: especie en peligro de extinción

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Autor: Víctor Lachapelle
Fuente: Diario El Dia

A muchos lectores de este periódico el título de este artículo seguramente les parecerá una broma, pero no lo es; al contrario, se trata de un asunto muy serio, sobre todo para los que les damos seguimiento a todos los acosos que está recibiendo la familia tradicional alrededor del mundo.

Así como muchas especies animales se han extinguido para siempre por no haberse tomado a tiempo las medidas de protección necesarias, también la familia tradicional está en peligro de extinción, víctima de los sutiles, pero efectivos ataques que cada día recibe de sus muy bien entrenados enemigos, que han jurado extinguirla de la faz de la tierra ante la mirada no solo indolente, sino a veces avasallante, de los que están investidos de autoridad en cada nación para defender ante la sociedad este valor primario.

En esta guerra contra la familia el arma principal que se está utilizando es la lingüística, la cual penetra en el lenguaje cotidiano alterando el sentido de las palabras y sus connotaciones emocionales y espirituales, hasta crear en la persona una nueva actitud.

Es decir, si se cambian los valores, como ha estado ocurriendo desde hace tiempo, se modifica el pensamiento y nace así una cultura distinta.

Y si a esto se le suma la función coercitiva de leyes emanadas de los poderes públicos que atentan contra la integridad familiar, entonces se puede afirmar que por el camino que vamos la familia tradicional tiene sus días contados.

En este sentido, antes leíamos y oíamos en los medios términos que ya no se usan; han sido sustituidos por otros que suenan menos crueles, menos repulsivos a la conciencia, pero el resultado final es el mismo.

Veamos algunos ejemplos: al crimen del aborto ahora se le llama “interrupción del embarazo”, “derecho a decidir” o “salud sexual y reproductiva de la mujer”; a la píldora abortiva ahora se le llama “anticonceptivo de emergencia”; la palabra “amante” o “concubina(o)” ha sido cambiada por la palabra “compañero” o “pareja”.

Y así otros términos que profesionales muy hábiles, conocedores a la perfección de los efectos sicológicos de las palabras, han introducido al lenguaje coloquial.

Con estas modificaciones, los enemigos de la familia tradicional se proponen “desconstruir la sociedad para luego destruir el lenguaje, las relaciones familiares, la reproducción, la sexualidad, la educación, la religión y la cultura, entre otras”.


Es de dominio público que detrás de todo esto están los propulsores de la “perspectiva de género” y de la “ideología de género”, grupos feministas que en teoría tienen planteamientos diferentes, pero en la práctica se unen en su lucha por la destrucción de la familia, ya que ambos grupos consideran que este es un paso necesario para lograr su meta “revolucionaria”: una sociedad donde los principios morales y espirituales sean desterrados, según los postulados marxistas. ¿Marxistas? Sí, marxistas.

No nos dejemos sorprender. La ideología de género y el marxismo son las dos caras de una misma moneda, por lo tanto están firmemente aliados en sus planes de derrumbar los parámetros morales y espirituales de la sociedad actual.

Es importante resaltar en este escrito el análisis hecho por el filósofo y escritor español Rafael Gambra en su interesante libro “Historia Sencilla de la Filosofía” sobre la obra del filósofo marxista italiano Antonio Gramsci; análisis que es coincidente con un documento publicado por la Conferencia Episcopal Peruana (CEP) titulado “Perspectiva de género: sus peligros y alcances”, en el cual los obispos expresan: “Para las feministas, el género implica clase, y la clase presupone desigualdad.

Luchar más bien por destruir el género –los roles socialmente aceptados- llevará mucho más rápidamente a la meta. Esta meta es clara: llegar a una sociedad sin diferencias de sexo”.

En su obra, y en paralelo con la CEP, Gambra dice: ”Quienes luchan por la vida y la familia conocen los peligros de la perspectiva de género… en efecto, los promotores del género proponen la desconstrucción de la familia… para luego reconstruir la sociedad con parámetros marxistas”.

Desde luego, todo esto no va a ocurrir en el corto plazo, será un proceso largo, pero como tienen el apoyo de los países, instituciones y organismos internacionales que dominan el mundo, y con mucho dinero para gastar, los cristianos y todos los que de una manera u otra somos defensores de la familia tradicional no podemos dormirnos en nuestros laureles, debemos mantenernos alertas, de manera que no nos agarren “asando batata”.

En síntesis, los grupos feministas, más que exigir derechos, lo cual sería hasta cierto punto razonable, en realidad su objetivo inmediato es destruir la familia, porque destruyendo la familia se acercan a su objetivo final: destruir la Iglesia católica, que para ellos es su peor enemigo, pero hay un serio obstáculo para lograr ese objetivo que no podrán superar: olvidan o ignoran que la católica fue la primera Iglesia cristiana, con 2000 años de existencia, fundada por el propio Jesucristo, quien antes de su Ascensión le dijo al apóstol Pedro en presencia de los demás apóstoles:

“Y yo te digo que tu eres Pedro y sobre esta roca construiré mi iglesia, y ni siquiera el poder de la muerte podrá vencerla” (Mat. 16,18).


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