“El templo es casa de oración”

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Claudia Ferrúa de García

El Evangelio nos narra que al acercarse la Pascua judía, Jesús al subir a Jerusalén encontró a cambistas y vendedores en el templo; los echó porque estaban profanando la casa de Dios y les dijo con autoridad: “Saquen eso de aquí y no conviertan la casa de mi padre en un mercado.”

Los judíos le dijeron: ¿”Que señal nos presentas para actuar de ese modo?” Jesús les contestó: “Derriben este santuario y en tres días lo reconstruiré”. Pero ellos no entendieron aquello que Jesús decía ya que él hablaba del templo de su cuerpo que al cabo de tres días lo reconstruiría con su resurrección.

La palabra profanar significa deshonrar, tratar algo sagrado sin el debido respeto. Jesús nos recuerda que el templo es un lugar de encuentro con Dios, es casa de oración y al igual que los mercaderes de aquella época nosotros también lo profanamos cuando lo visitamos, al no comportarnos con debido respeto, ya que no hacemos silencio, no nos vestimos correctamente y nos olvidamos que Jesús Eucaristía está presente en el Santísimo.

En la Santa Misa se proclama la palabra de Dios y para que fructifique en nuestro interior es necesaria nuestra participación consciente y activa de lo que estamos viviendo. Venimos a recibir el alimento de su palabra y a recibir su cuerpo y sangre al momento de la eucaristía.

Allí en el templo de Jerusalén Jesús comienza limpiando el templo y alude a su cuerpo como si se tratara del nuevo templo. Esa es la señal que fundamenta su actuar. Mi cuerpo es también templo que guarda mi alma, donde Jesús habita en mí la que debo cuidar con recelo para que nada ni nadie la aparte del amor de Dios y así un día cuando haya terminado la misión a la que he sido llamada en ésta vida terrenal pueda encontrarme cara a cara con Él.

Agradezco el que hace muchos años Dios Padre me haya invitado a participar del Cursillo de Cristiandad donde brotó la semilla de la fe que Él había puesto en mi el día de mi bautismo. Durante esos cuatro días vividos en Casa san Pablo Él me recordó que no soy yo quien le buscaba a Él sino es Él quien me buscaba a mí. Roguemos para que en cada miembro del Cuerpo de Cristo, de la Iglesia, se honre a Dios. Que nuestro templo sea siempre un lugar de oración y de encuentro con Él.

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