Una ley más perfecta

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Silvia Risk de Pereyra
CC#573

Jesús nos enseña en el Evangelio que Él no ha venido a abolir la Ley y los profetas, sino mas bien a darle plenitud; es decir, que los mandamientos no nos encadenan ni nos hacen más difícil y complicada nuestra vida, sino que nos proporcionan un estilo de vida que debe identificarnos como verdaderos cristianos, y esto solo será posible bajo la luz del Espíritu Santo que nos llena del amor de Jesús.

Solo el que ha experimentado el amor de Dios en su corazón podrá reconciliarse con el hermano antes de poner su ofrenda en el altar, podrá perdonar y sobre todo olvidar las ofensas. El perdón es un don, un regalo que Dios nos da para liberarnos del odio y el rencor, por eso es que la Ley de Dios, la que Jesús vino a darle plenitud, libera y nos llena de vida.

También Jesús nos invita a no dejarnos tentar con las debilidades de la carne, en este mundo moderno donde se antepone el deseo personal al compromiso y al amor, debemos mantenernos firmes y respetar nuestro matrimonio y nuestra pareja, para que nuestros deseos interiores nunca ofendan a Dios.

El Señor me invitó a un encuentro con Él hace 18 años en un Cursillo de Cristiandad para regalarme el más hermoso de los dones: ¡el perdón! Hasta ese momento mi corazón era rencoroso, y “si perdonaba no olvidaba”. Cuando escuché a través de una hermana que el Señor nos invitaba a “dejar nuestra ofrenda en el altar si recordabas que tu hermano tenía quejas contra ti, pues primero tenías que ir a reconciliarte y luego volver a presentar tu ofrenda”, sentí como me iba liberando y como el amor de Dios iba sanando y transformando mi corazón y toda mi vida. Desde ese momento que fui sanada he ido experimentando la misericordia que Dios tiene para con sus hijos. Este mandato o ley del perdón libera y nos llena de paz.

Vivir una vida apegada a los mandamientos y cumplir con las exigencias del cristianismo es posible para todos porque contamos con la gracia y el amor de Dios. Yo les invito a dejarse guiar por el Espíritu Santo que les dará fortaleza, templanza y paz porque cuando perdonamos y amamos, nuestra vida se vuelve más alegre y serena.

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