No nos podemos excusar

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Nelson Muñoz

El Evangelio San Mateo, nos dice que Jesús envía a sus apóstoles a evangelizar el mundo: “Vayan y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos, bautícenlos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enséñenles a cumplir todo lo que yo les he encomendado”.

Jesús en este pasaje, nos deja una gran encomienda: que todos sean bautizados, para entrar en comunión y lleguemos a ser uno con Cristo, a fin de que se manifieste en cada persona, la vida de Él.

Enseñar el contenido del Evangelio, implica ayudar a descubrir vida nueva en su resurrección y en la eficacia de los sacramentos. El mundo tiene hambre de buenos ejemplos, hay que tratar de que Cristo llegue al corazón del hombre.

Para aplicar en mi vida este mandato del Señor, me esfuerzo por ser una persona coherente, entre lo que hago y lo que predico. Procuro ser un buen esposo y padre de familia, y de ser íntegro con mis compromisos laborales y con la sociedad, consciente de que el testimonio vale más que mil palabras, con el objetivo de que los demás descubran esa vida nueva, esa manera de vivir, tan equilibrada y feliz que da el Espíritu Santo.

Cuando hice el Cursillo de Cristiandad, (mayo de 1990), recibí un mandato: “Cristo cuenta conmigo“; pero para ello me enseñaron unas herramientas que me han ayudado, principalmente, la Eucaristía; procuro contagiar con el amor del Señor, a todas aquellas personas con las que me relaciono, ya que no podemos dar lo que no tenemos. Luego me voy interesando por sus problemas y trato de hacerme amigo y de invitarlo al Cursillo o algún retiro, para que Cristo llegue a sus vidas. Mi esposa y yo, trabajamos como dirigentes del movimiento del Cursillo de Cristiandad, por un período de 15 años, y participamos en muchas actividades de la iglesia católica.

Por eso querido lector, querido hermano, “ya somos inexcusables“, el Señor nos lo pide, intégrate, deja que Cristo te sienta, porque si así como hacemos tanto esfuerzo para resaltar las cualidades de un candidato en la política, hiciéramos mayor esfuerzo proclamando a Jesucristo, anunciando su palabra, pero con nuestras vidas; cambiaríamos al hombre y por tanto a nuestra sociedad.

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