NO señor embajador norteamericano.

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Escrito por  P. Robert Brisman

“…Pues los hijos de este mundo son más sagaces con los de su clase que los hijos de la luz” (Lc 16,8).

En estos últimos meses nuestra sociedad ha estado en un fuerte e intenso debate por una situación que se ha originado o involucra al embajador de los Estados Unidos de Norteamérica y su activismo en pro de la causa del colectivo gay (LGTB) del país. Este embajador ha asumido como parte de su trabajo diplomático, -y parece que a esto fue que lo enviaron-, el motivar a estos grupos y otras Ongs a que se enfrasquen en su lucha porque les sean reconocidos unos supuestos derechos, como por ejemplo, el que se apruebe la legalización de las uniones entre parejas del mismo sexo. Hay que tener en cuenta, y es de nosotros reclamar al señor embajador norteamericano, que ciertamente estas no son funciones que le corresponden ya que no tienen nada que ver con la diplomacia. Ningún embajador, hasta ahora, ni norteamericano y de otra nación, había incurrido en una acción de esa naturaleza puesto que no es de su facultad hacer ese tipo de acciones. Eso de alguna manera se puede entender como injerencia en asuntos internos del país que le ha recibido. Otra cosa que tenemos que recordar es que a raíz de su nombramiento como embajador ente el Estado dominicano, de parte de la sede diplomática en nuestro país, se emitió un comunicado público donde se aseguraba que este embajador venía única y exclusivamente a cumplir con sus funciones de embajador nada más. Pero qué ingenuos fueron muchos en creerse tal cuento, cuando muchas personalidades de diferentes estratos de la sociedad advirtieron lo contrario; es más, hasta hubieron voces que tildaron la observación de exagerada y fuera de lugar; y ya vemos los resultados. Teníamos razón. No caben dudas de que el enemigo es astuto.

Pero tratemos de ser honestos en este caso. Al embajador norteamericano no podemos criticarle su preferencia sexual ya que eso es un asunto personal y de la libertad de cada persona. Pero el promover y querer imponernos a nuestra sociedad ese estilo de vida y presentarlo como algo normal y como un derecho, sí que riñe con nuestras costumbres, fundamentos y valores. Ni él ni nadie tienen derecho a venir a imponernos ese tipo de aberraciones. El tema aquí no es nada más ni solamente el que se legalicen las uniones de parejas del mismo sexo; el tema es que si se abre esa puerta en nuestra sociedad, vienen otros aspectos como consecuencia, como lo es la adopción de niños y niñas por estas uniones. Otros puntos de esa agenda de género es la aprobación del aborto y eutanasia. Claro es que todo esto obedece a una “agenda” que quieren imponer las naciones más ricas y poderosas, -a la cabeza Estados Unidos-, con la intención de socavar a las demás naciones del hemisferio y destruir su cultura y sus valores para imponer esta nueva cultura a la que san Juan Pablo II llamó “cultura de la muerte”. Esto es parte de lo que se llama “nuevo orden mundial”. El enemigo no duerme ni descansa. Es cierto que en nuestro país tenemos muchos problemas, pero con la presencia de este embajador nos ha llegado un problema más, al que tenemos que hacerle frente.

Como parte de esta imposición de esta agenda de género, se plantea un adoctrinamiento desde las escuelas y colegios para mentalizar a nuestros niños, niñas y jóvenes en presentarles a ellos que estas actitudes son normales. Hemos de saber que ya hay personalidades, comunicadores, Ongs y dirigentes políticos que se están dejando arropar por toda esta ideología que nos viene importada desde los Estados Unidos. Este es un proyecto político y cultural de la administración del presidente Obama, ya que está comprometido políticamente con estos grupos por el aporte económico a sus dos campañas electorales. Claro que este apoyo no es gratuito, hay mucho dinero de por medio. Aquí jugarán un papel preponderante los padres y madres, y la familia en consecuencia para que este adoctrinamiento no pueda ser llevado a cabo. Uno de los medios, y no el único, que pueden ayudar a contrarrestar esto es la formación de las asociaciones de padres y madres de las escuelas y colegios, para que así vigilen qué tipo de enseñanza es la que están recibiendo sus hijos.

A nuestros políticos tenemos que decirles que no se dejen chantajear por este tipo de ideologías dañinas a la sociedad. Que ellos están en esos puestos por el voto nuestro y es para que sean guardianes de la identidad, cultura y valores de nuestro pueblo al que ellos juran y han jurado servir. Que no vendan su conciencia ni negocien la verdad. Aquí no se trata de derechos, sino de imposición. Todos los ciudadanos de esta nación tienen sus derechos consignados en la Constitución, y la discriminación está penalizada en la misma. El Estado no puede estar creándoles derechos especiales a cada minoría de la sociedad, ya que de ser así, cada grupo tendría sus propias normas y leyes, y esto es imposible. Al embajador norteamericano, la sociedad dominicana tenemos todo el derecho a exigirle que se ocupe de sus funciones diplomáticas, y si no lo hace así pues tenemos derecho a exigirle que se vaya de nuestro país. Por parte de las autoridades es poco o nada lo que podemos esperar porque aquí hay un compromiso político al cual no se va a poner en riesgo. El Papa Benedicto XVI denunció esta nueva visión del ser humano como “dictadura del relativismo”. No permitamos que a nuestra sociedad se le arrastre a este sin sentido de la existencia humana que ya está haciendo sus estragos en otras sociedades de mundo, por ejemplo, Europa y otras ciudades de América. Esto no es progreso; es más bien atraso y destrucción del ser humano. El progreso no es sinónimo de destrucción ni anulación del ser humano. No tengamos miedo, porque si nosotros callamos, hablarán las piedras (Lc 19,40).

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