MUCHACHOS EN VACACIONES

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Por: José G. Vásquez

Dos cosas prefieren los muchachos en su tiempo escolar: el recreo y las vacaciones.

Estudiar es la única manera de adquirir conocimientos para aprender sobre la vida, las ciencias y las artes y es la única vía por la cual podemos llegar a ser profesionales para servirle a la familia, a la comunidad, al país y al mundo, recibiendo por ello un salario y un porvenir que nos asegure salir adelante y convertirnos en seres productivos y necesarios para que la sociedad avance política, económica, moral y científcamente.

LOS PROFESORES SE CONVIERTEN EN NUESTROS ALIADOS FAMILIARES Y EN LOS GUARDIANES DE NUESTROS HIJOS porque además de enseñarles y educarles, muchas veces tienen que servir de tutores y consejeros, mientras ellos están en las aulas y nosotros en nuestros hogares, o sitios de trabajos. Sin embargo, pasado el lapso de tiempo que duran los cursos, llegan las vacaciones y los muchachos regresan a las casas a abrir y cerrar las neveras cientos de veces, a estar pegados a la televisión, el celular, el laptop y otros juegos electrónicos por largas horas, porque ya no tienen clases y nosotros no les tenemos un plan para que no se aburran y saquen las mejores notas de comportamiento hogareño.

Muchos muchachos tienen la oportunidad de irse a Disney World, o a campamentos de verano, o de viajes a otros países porque sus padres tienen las posibilidades económicas para proveerles esos lujos, mientras muchos, la gran mayoría, deben conformarse con ir al campo donde los familiares, o a algún que otro paseoaunrio,ounaplayayespor eso que se vuelven adictos a los juegos electrónicos y a las computadoras, porque tienen tiempo de sobra para no hacer nada.

RECUERDO QUE EN MI NIÑEZ me enviaban de vacaciones a un campito llamado «El Carril abajo», en Laguna Salada, donde vivía el hermano de mi madre con su familia de ocho hijos, dos hembras y seis varones. Allí me hacían parte de la cotidianidad del trabajo diario que les correspondía a mis primos, tal como levantarse a las cinco de la mañana a buscar agua en latas al manantial del arroyo, luego recoger yuca, o batatas para el desayuno, buscar el burro en el corral, darles de comer a los cerdos y buscar los huevos en los nidos de las gallinas.

DURANTE EL RESTO DEL DÍA, nos dejaban jugar pelota, bañarnos en el arroyo, correr por los montes y disfrutar de los árboles frutales, pero siempre respetando la propiedad privada y respetando a cualquier persona mayor que nos llamara la atención. Ya caída la tarde, cerca de las seis, un buen baño, una cena y luego a rezar el Santo Rosario, para después ir a la cama, sin televisión, ni Ipod, ni nada, solo leyendo algún libro de cuentos bajo la tenue luz de una lámpara de gas.

ESE CONTACTO CON LA NATURALEZA y ese afán diario de supervivencia me ha servido para toda la vida, pues no solo aprendí a participar en trabajo diario de la familia, sino a darme cuenta de las ventajas de convivir con la naturaleza y de aprender que a los hijos que no se les enseña a servir, no sirven para nada.

LAS VACACIONES DE NUESTROS MUCHACHOS DEBEN SER UN TIEMPO PARA QUE SIRVAN EN LA FAMILIA, para que aprendan o cios, para que sean parte del equipo que hace posible las cosas en el hogar y para que les impregnemos la necesidad de Dios en sus vidas, leyéndoles un poco de la Biblia e invitándolos a orar con nosotros. Es verdad, también se les puede premiar con viajes si se puede, pero cuidado con darles premios que no se merecen, solo por competir con los demás y para mostrar riquezas que no tenemos.

DEUTERONOMIO 6, 6-7

GRABA EN TU CORAZÓN ESTAS PALABRAS QUE YO TE DICTO HOY. INCÚLCALAS A TUS HIJOS, Y HÁBLALES DE ELLAS CUANDO ESTÉS EN TU CASA Y CUANDO VAYAS DE VIAJE, AL ACOSTARTE Y AL LEVANTARTE.

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