¡LA SACÓ DE HOME RUN Y CON LAS BASES LLENAS!

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Por: Nathalie Romero de Grau
Una hija amada de Dios

Los caminos de la gracia son tan insospechados que en más de una ocasión te sorprende el fermento dentro de los ambientes cual rocío fresco al despertar por las mañanas y precisamente en una mañana ha sucedido esto que te voy a contar.

En el afán del día y dentro del tránsito, llevando a mis hijas, una al colegio y otra al trabajo, pregunto a la mayor si ya había entregado el día a Dios, si ya le había dado las gracias al Señor por ese día nuevo que nos regalaba. A mi pregunta, ella respondió muy honestamente:

– No.

Hizo un silencio, pasaron unos segundos y por mi cabeza se cruzaron varias ideas para expresarle…tres segundos después ella continuó diciendo:

– No he dado las gracias hoy, pero ya hice el rosario.

…en ese momento mi expresión de sorpresa, no la puedo explicar…me dejó muda. Yo estaba «pichando» un juego de catequesis, pero ella ¡me sacó la pelota de home run con las bases llenas! Realmente debía «enderezar» la catequesis porque pasé a ser alumna de mi hija. Solo atiné a pensar…pero ¡Dios mío, ella está mejor que yo, bendito mi Señor!

Mi amor, le comenté, entre sentimientos de gozo y por qué no decirlo, hasta orgullo sano…el rosario es la oración por excelencia no solo para dar gracias por el día sino para que junto a su madre Maria, la Santísima Virgen, medites y contemples la vida de Cristo; así comienzas el día, meditando la vida de Jesús, de mano de su madre con las palabras que el mismo mensajero del Padre, el arcángel Gabriel, le dijo a nuestra madre; además de repetir las palabras que el Espíritu Santo suscitó en santa Isabel. ¡Qué mejor manera de iniciar el día!, ya quisiera yo hacerlo así también.

Sabemos que debemos ser fermento cristiano en donde estemos, principalmente en nuestras familias y para los que conviven a nuestro lado diariamente. Vivir por vivir no tiene sentido si nosotros no ponemos de nuestra parte para poder efectivamente «convivir con» los demás. Convivir…una palabra corta que representa mucho pues en ella está reflejado el verdadero cristianismo. Que alegría es poder ver crecer la semilla que plantó el Señor y que planta todos los días su palabra. Esa palabra que es operante, que nunca regresa vacía. Esa palabra que transmite eternidad. ¡Qué bello es poder sentarse en el banco de los estudiantes porque en la pedagogía de Dios, Él se vale hasta de tus propios hijos para enseñarte la humildad, ¡para mostrarte su grandeza y para confirmar que es El y no nosotros quienes hacemos crecer la semilla de la fe! Gracias Señor porque no te quedas en los bleachers» viendo el juego, sino que me permites ver a mi propia familia, cada uno en su naturaleza, sacarla de home run.

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