¿DÓNDE BUSCAMOS A DIOS?

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POR: DR. FREDDY CONTÍN RAMÍREZ

Siempre estamos buscando. Buscando huir de nuestra propia realidad; evadirnos de la monotonía. Buscamos a quien nos anime, nos consuele o nos dé la razón.

Buscamos el descanso, la paz… pero, ¿buscamos adecuadamente? ¿Tiene el sello de cristianismo auténtico? ¿Tiene fe, esperanza y amor?

Cada uno podemos contestarnos en nuestra intimidad. Pero si somos valientes y sinceros, veremos que nuestra búsqueda es más bien una huida; nuestra búsqueda tiene que ver mucho con el enredo en el materialismo y en el propio egoísmo; tiene mucho que ver con una carrera más o menos precipitada, en la que la meta se nos oculta y brilla un momento, pero pronto vuelve a oscurecerse.

Esta es la causa por la que existe tanta depresión, tanto vacío, tanto descontento y tanta tristeza. Por eso las ideas que circulan y se intercambian no son claras. Por eso hay tanto deseo de aturdirse: con música, televisión, viajes, lecturas y cuanto lleve algo de diversión.

Y no pretendemos denostar la diversión y el esparcimiento sano. ¡No! Simplemente pensamos que quizás buscamos como dice la Palabra de Dios, entre los muertos: lo efímero, lo pasajero, lo material, al que vive (Lucas 24,5: ¿Por qué buscan entre los muertos al que vive?). Y quien vive es Dios, es Jesucristo. Es Cristo Resucitado que esta entre nosotros.

Y este buscarlo entre los muertos podemos evitarlo, buscando dentro de nosotros, donde Cristo habita por la Gracia, la solución a muchos de nuestros miedos, a muchos de nuestros problemas, a muchos de nuestros desánimos y a muchos de nuestros errores.

CRISTO ESTÁ VIVO Y NOS ESPERA EN LA ORACIÓN PERSONAL; EL ESPERA QUE LE HABLEMOS, QUE LE CONTEMOS NUESTRAS EXPERIENCIAS; ESPERA QUE SEAMOS SINCEROS EN BUSCAR LUZ Y SOLUCIÓN PARA NUESTRA VIDA. PERO BUSCARLA SIEMPRE A SU LADO, A SU LUZ, EN SU PALABRA VIVA QUE ESTÁ EN EL EVANGELIO, QUE ESTÁ EN LA EUCARISTÍA Y ESTÁ EN LA LITURGIA.

Cristo vivo nos espera en el sacramento de la Reconciliación, para que los pesos muertos del pecado y del error sean perdonados y olvidados; para aumentar su gracia y darnos su fuerza para la lucha contra el mal; para aligerarnos el dolor o la complicación y, al empezar de nuevo, resucitar en nosotros los valores olvidados o las realidades apagadas.

Cristo nos espera, porque nos ama, también en la Eucaristía. El es alimento de vivos y quiere que lo comamos y nos unamos a Él para darnos fortaleza y alegría, esperanza y paz.

Es ahí donde hemos de buscar a Cristo y también en quienes nos necesitan. Porque dando amor a los demás, estamos mostrando nuestro amor a Dios. Dando pan o trabajo, ideas o consuelo, sonrisas o tiempo, estamos a la vez recibiendo vida de aquel que vive entre nosotros.

Busquemos por ahí a Cristo vivo, a Cristo resucitado, que no es una fantasía, que no es una conmemoración de unas fechas determinadas, que no es sólo una historia, ¡es vida! Cristo resucitó y vive. Cristo esta entre nosotros. Vamos a buscarlo con realismo, con sinceridad y con amor.

Y alejémonos de todo lo negativo; de todo lo que nos deteriore o nos adormezca. Porque el alma, la mente y el corazón mueren de una forma u otra cuando la tibieza se mete dentro de nosotros.

Esa tibieza que enfría los deseos; que siembra la pereza para todo lo que es de Dios; que siembra desconcierto y confusión en las ideas cristianas que debemos vivir y practicar.

Luchemos contra la precipitación que anula el deseo de hacer un examen de conciencia, que mata los buenos propósitos, que turba la paz y la serenidad del alma. Busquemos junto a Jesús Vivo y Resucitado todo lo bueno, todo lo hermoso y todo lo alegre…que nuestra vida tiene.

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