EL CURA PRO-ABORTO

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Por: Alicia Estévez
alicia.estevez@listindiario.com

El sacerdote Mario Serrano, que dirigió el Centro Bonó durante diez años y ha ocupado diversas posiciones en la Compañía de Jesús, a la que pertenece, ha manifestado su apoyo público a matar niños en el vientre con el increíble discurso de que defiende la vida.

Hasta ahora, muchos promotores del aborto se han declarado no religiosos o ateos. Tiene sentido. Pero no logro explicarme cómo un cura, cuyo punto de referencia es la Ley de Dios, justifica desmembrar, envenenar o triturar niños en formación. Eso es el aborto.

Hubo una época en que dudé de la existencia de Dios y si no pudiera dar testimonio de Su poder, como en muchísimos casos conocidos en que un embarazo «inviable» para los médicos ha terminado en un niño «envidiable», tal vez, habría marchado el pasado fin de semana vestida de azul. Pero como he sido testigo de sus milagros, no entiendo a este pastor, llamado a guiar un rebaño.

El quinto mandamiento es «no matarás». Y Serrano, un profesor universitario, está obligado a saber que las historias de las leyes que permiten acabar con la vida de seres humanos indefensos, empiezan con causas que parecen justificadas, y terminan abalando, simplemente, el derecho a matar. Que pregunte en España. Allí, del aborto condicionado pasaron, en el 2010, a legalizarlo para todos los casos. Es decir, ahora, puedes matar un embrión sano y perfecto hasta los tres meses y medio de embarazo. En este mundo loco, donde suicidarse, asesinar y desviarse sexualmente se ha convertido en lo correcto. Donde la gente dice y hace cualquier barbaridad para tener un día de fama en las redes sociales. Donde los seres humanos nos hemos convertido en nuestros propios Dioses porque decidimos hasta qué somos, como si nos hubiésemos creado a nosotros mismos, igual que si una naranja pudiera decir que es un aguacate. Dónde todos los referentes se pierden y uno no sabe cómo decirles a sus hijos, bajo qué argumento, lo que es correcto y lo que no, porque todo está permitido, justificado y aceptado. Ahora, aparece un cura, que consagra la hostia, a favor del aborto.

El Canon 1398, una norma de derecho canónico de la Iglesia Católica, declara que «quien procura el aborto, si éste se produce, incurre en excomunión. No sabemos cuántos abortos impulsarán las declaraciones de Serrano. Uno solo bastaría para excomulgarlo. Este religioso es una figura conocida, de la orden de los jesuitas, cuyos superiores no se han pronunciado sobre la posición que ha asumido, y como quien calla otorga, ese silencio da escalofríos.

Porque desde el punto de vista cristiano, que es el de muchos jesuitas, como el papa Francisco que condena el aborto, todos somos iguales a los ojos de Dios y la vida de una mujer o un hombre, en el vientre, vale tanto como la de cualquier otro ser humano. ¿Este sacerdote no piensa lo mismo? Me gustaría saber, entonces, ¿a qué Dios le sirve?

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