DIOS, PATRIA Y LIBERTAD LEMA DE NUESTRO ESCUDO NACIONAL

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Por: Maruchi R. de Elmúdesi
MFC – Instituto de la Familia
mtelmudesi@gmail.com

Febrero, es el mes de nuestras Fiestas Patrias de Independencia. Es un mes que nos trae muchos recuerdos. Primero fuimos independizados después de 22 años del yugo haitiano.

Somos un pueblo maravilloso, porque en ese tiempo nunca aprendimos el creole, y no

perdimos nuestra identidad como país. Siempre nos consideramos como un pueblo orgulloso de ser dominicanos. He vuelto a releer el Libro Vida de Juan Pablo Duarte, de Pedro Troncoso Sánchez sobre su vida y me enamoré de nuevo de nuestro patricio. Era un ser fuera de serie. Tan joven y tan lleno de ideales de libertad: «Queridos amigos: Conozco bien sus sentimientos y su disposición. Sé que ustedes son patriotas y valientes. Sé que son capaces de comprometerse en una empresa arriesgada en bien de nuestro pueblo. Todos estamos convencidos de que entre dominicanos y haitianos no hay fusión posible y su dominación se nos hace intolerable. Pero, no basta saberlo, ni basta expresar nuestra protesta contra la opresión con manifestaciones verbales o excitando al pueblo con volantes anónimos. Es necesario encauzar nuestro sentimiento de rebeldía, imprimirle una organización, hacia un fin positivo, práctico y trascendental. En ello estamos de acuerdo. Por eso los he reunido. Fundemos una sociedad secreta en que todos quedemos ligados por un juramento. Ella tendría por objeto hacer del pueblo dominicano una república soberana. Nada de pensar en protección extranjera para librarnos de Haití. Con la unión y la decisión de todos nosotros solos podremos ser y mantenernos libres. Tenemos que comprometernos a ofrendar persona, vida y bienes por la libertad de la patria, o morir en la demanda.

Se llamará La Trinitaria nuestra sociedad –continuó diciendo- por tres razones: porque se compondría de tres grupos de tres; porque la pondríamos bajo el amparo de la Santísima Trinidad, y porque su divisa será el triple lema «Dios, Patria y Libertad». Cada uno de nosotros sería un trinitario y tendría un nombre secreto solo conocido de nosotros. Esto así, para las veces que sea necesario usarlo en lugar del nombre de pila. Tendríamos nuestros toques de comunicación, que por el momento serían cuatrocon las siguientes significaciones: Si, No, Confianza y Sospecha.

Diciendo esto, dio y repitió los toques en la mesa para que todos lo aprendieran. Valiéndose deestos toques, nos identificaríamosy sabríamos los trinitarios si debe o no responder a una llamada a la puerta, si corre o no

peligro. Además, aquí les entrego las copias del alfabetocriptográfico quenos servirá para los mensajes escritos relacionados con la trama revolucionaria. Al lado de cada letra del abecedario corriente está el signo del sustituto. Ustedes deberán aprendérselos de memoria. La existencia de esta sociedad, como ya les había dicho, sería un secreto inviolable para todo el que no era trinitario, aunque sea adepto. No habrá plan ni reglamento escrito. Solo el juramento que les voy a tomar dentro de un momento y que debemos firmar con nuestra sangre. ¿Cuál será nuestra obligación y nuestro trabajo? Por ahora, cada Trinitario estará obligado a hacer propaganda constantemente, e incansablemente y sumar prosélitos entre quienes puedan aportar una contribución positiva. Los ganados para la causa no tendrán que asistir a las reuniones, que son siempre imprudentes y no conocerán de la conjuración más que aquella lo ha inducido, con el cual quedará en comunicación y obligado bajo juramento a cumplir sus instrucciones. De este modo, en el caso desgraciado de alguna indiscreción o delación, no podrá comprometer sino a uno quedando los otros para continuar trabajando.

Desde joven fue un verdadero «maestro» para sus amigos, que lo querían y respetaban. Esta sociedad fue solamente el inicio para ir poco a poco «educando a este pueblo» a que podíamos ser libres y soberanos.

Eso pasa todavía hoy, cuando muchosdominicanos pierden la confianza enser líderes en sus comunidades y se dejan avasallar de los que les dicen que no se puede cambiar nada. Que es mejor que todo siga igual. Debemos dejar de ser conformistas, y ser como nuestro Patricio, un verdadero paladín de la libertad de conciencia, de la libertad de pensamiento y deseoso de que cada día podamos contar con una patria libre y soberana de todainjerencia extranjera.

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