CAMINANDO CON EL RESUCITADO…

Caminando-e1587565018610.jpg
Comparte estas informaciones:

Por: Astrid Mireya
@mujerconunproposito

En esta oportunidad quiero hablar de mi vida con el Resucitado… Así era, distante; cuando en mi infancia veía a mi abuela hacer el rosario o cuando a los 9 años hice mi primera comunión vestida de Santa Teresita por una promesa que había hecho mi padre…

Aún había distancia cuando en la adolescencia estudiando en un colegio católico de la congregación San Luis Maria de Montfort, me inicié como catequista, participaba todos los sábados en la Legión de Maria y asistía a misa con el colegio en todas las fechas especiales.

El Señor te protegerá, de todo mal protegerá tu vida. (Salmo 121, 7).

Durante mi adolescencia viví experiencias no agradables que dejaron heridas en mi corazón y que con ellas crecí fabricando máscaras y corazas para hacerme fuerte y poder realizar lo que soñaba, todo esto a pulso, sin tener en cuenta que el resucitado caminaba a mi lado, que esperaba que lo dejara entrar en mi corazón…

A los 20 años llego a la Republica Dominicana donde inicié mi vida de adulto, donde seguía con mis heridas, pero ahora en un país diferente y donde no conocía a nadie…Vivía con mi pareja, quien no tenía nada que ver con las cosas de Dios y mucho menos con el servicio desde el punto de vista de la iglesia…. Mi vida seguía con el Resucitado, pero más alejada de El… Trabajé con un grupo de la universidad organizando a los niños limpia botas de la zona universitaria, donde pude ver el sufrimiento de otras personas, sus necesidades y carencias que comparadas con las mías no eran nada… pasaron los años sin hacer consciencia de que servía a Dios y mucho menos de que él estaba en mi corazón.

Así pasaron los años y cada vez tratando de sanar mis heridas, las abría más, me lastimaba más y no permitía que el amor de quien todo lo puede hiciera su trabajo.

Después de 9 años de casada me separo y empiezo con una vida que nada que ver con el inicio de mi vida, no había oración, no había misas, no había servicio, nada… Al contrario, todo lo que hacía solo sumaba deterioro, maltrato y denigración como mujer… En esa época supuestamente vivía una vida de libertad, de alegría, de felicidad, que al caer la noche salía la realidad, eran noches de llanto, amargura, arrepentimiento y deseos de desaparecer, pues realmente vivía el libertinaje…

Puedes continuar leyendo nuestro editorial en el siguiente, haciendo clic aquí

Comparte estas informaciones:

Comparte

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Top