Un continente que no sería el mismo sin los dominicos

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Vinieron para ayudar y acompañar a hombres y mujeres por medio de la predicación y la compasión.

Escrito por: Esteban Pittaro

La presencia de los dominicos en América Latina constituye un ineludible e importante capítulo en la historia de la Iglesia en este continente.

El punto de partida es la primera misión de los dominicos a América en 1510, con Fray Antonio de Montesinos, cuyos sermones inspiraron a una de las figuras más emblemáticas de la historia de la Iglesia en Iberoamérica: el también dominico Fray Bartolomé de las Casas.

“Los dominicos vinieron a América con el ideal y propósito de evangelizar. Vinieron para quedarse y realizar el trabajo para el que habían nacido: ayudar y acompañar a hombres y mujeres en la historia de la salvación por medio de la predicación y la compasión”, escribe en un artículo sobre la historia dominicana en América Manuel Jesús Romero.

En estos 800 años de historia, dos maestros generales latinoamericanos tuvo la familia dominica. Fray Antonio de Monroy, en 1677, un destacado fraile mexicano luego arzobispo de Santiago de Compostela. Y de 2001 a 2010, Fray Carlos Azpiroz Costa, argentino, quien hace escasos días fue elegido arzobispo coadjutor de Bahía Blanca, en el sur de la provincia de Buenos Aires.

Es en Perú donde los dominicos americanos han realizado una labor encarnada en santos cuyo testimonio ha sido reconocido en todo el mundo: santa Rosa de Lima, primera persona americana en ser canonizada, san Martín de Porres, san Juan Macías y la beata Ana de los Ángeles Monteagudo.

Los dominicos, independientemente de cuál sea considerada la primera, son los responsables de las primeras universidades en América, centros que en la época colonial eran gratuitos, y han formado generaciones de ciudadanos en distintos países de la región.

Además de las universidades, es vasta su presencia con colegios en todo el continente.

Tras la gran influencia colonial y los avatares en cada país durante los procesos de emancipación, la orden inició un siglo XX muy fructífero en crecimiento y obras.

Actualmente, la presencia en América Latina se compone de 7 provincias, 2 vicariatos generales y 10 vicariatos provinciales.

Su compromiso con las poblaciones autóctonas y con América en general ha trascendido aquella primera y decisiva defensa de su dignidad enarbolada por Montesinos y De las Casas.

Ejemplo de esto es el Secretariado de Misiones Selvas Amazónicas, signo de la permanente colaboración entre España y América para el cumplimiento de la misión de los dominicos en este continente.

El mundo del arte latinoamericano también ha tenido, desde la inspiración dominica, algunos referentes muy relevantes. Es el caso de fray Guillermo Butler (1880-1961), al que la Agencia AICA define como “el más importante artista sacro que dio la Argentina”.

En reconocimiento a los 800 años de historia dominica, el Correo Argentino emitió un sello postal de Navidad ilustrado con una pintura suya de la Sagrada Familia. Se trata de un artista formado tanto en la Argentina como en Europa, que logró exponer en ciudades como Venecia y Florencia.

Trabajo en el mundo de la educación, de la cultura, con la migración, con las poblaciones más desfavorecidas, en la atención de parroquias, de santuarios, con el diálogo religioso…

Los 800 años encuentran a la familia dominica en América con distintas iniciativas que no pararán, pero también actividades para celebrar y seguir acompañando un continente que no sería el mismo sin la predicación de los hijos de Santo Domingo.

Fuente : Aleteia

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