Si el grano no muere

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Jose Aris

En Juan 12, 20-23 el Señor nos dice: “Les aseguro que si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda infecundo, pero si muere, da mucho fruto. El que se ama a sí mismo se pierde, y el que se aborrece a sí mismo en este mundo se guardará para la vida eterna. El que quiera servirme, que me siga, y donde esté yo, allí también estará mi servidor; a quien me sirva, el Padre lo premiará…”.

En el Evangelio de hoy, Cristo nos habla acerca de la relación que hay entre la vida y nuestro crecimiento espiritual, la fe, es decir, el gran misterio de nuestra vida a través de la muerte de Cristo, introduciéndonos así de manera inmediata en la celebración de la Pascua próxima que estaremos viviendo.

Cristo tenía muy claro por la pasión que debía pasar en el momento de su muerte, pero sabía también que era necesaria y que precisamente para eso había venido al mundo, para glorificar al Padre en el momento de su muerte en la cruz. Solo la Fe puede ayudarnos a entender este maravilloso misterio…

Solo si vivimos con Fe y de la mano de Cristo seremos capaces de vivir una vida de paz, esperanza y felicidad, sin importar la cruz o el sufrimiento por el que estemos pasando. La vida está llena de cruces, y a todos nos tocará en algún momento vivir momentos difíciles y de penurias, pero únicamente cuando seamos capaces de aceptarlos con humildad y con fe podremos dar sentido real a nuestras vidas, a nuestra existencia.

Esta es la gran enseñanza del Cristiano: llegamos a la resurrección por la cruz. Cuando hice mi Cursillo de Cristiandad tuve ese encuentro personal con un Cristo vivo no muerto, con un Cristo resucitado, un Cristo que me ama tal como soy y que me espera para seguir su camino, un Cristo que murió por mí para que yo dé frutos en su nombre.

En mi Cursillo encontré las herramientas necesarias para mantenerme en esa gracia divina, las herramientas para ir desprendiéndome de todas esas aptitudes que me impiden hacer su voluntad y producir los frutos que Él tiene dispuesto.

En el Movimiento de Cursillos de Cristiandad decimos como el Apóstol San Pablo: “Ya no soy yo quien vive, sino Cristo que vive en mí”.

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