Revista Palanca Septiembre 2016

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FE Y POLÍTICA

Cuando echamos una mirada a nuestro alrededor, nos daremos cuenta de que los signos de descomposición no son pocos; vemos cómo se propaga el mal, las di cultades, las malas costumbres y los malos hábitos, la corrupción, la frivolidad, la banalidad. Pero lo que más llama la atención de todo este panorama, es ver cómo estas conductas que están anulando y deshumanizando a la persona, se presentan como leyes en nuestras sociedades. Ante este panorama, es interesante la visión que plantea el arzobispo de Los Ángeles Monseñor José Gómez, para que tengamos una idea ante el realismo que estamos viviendo, y para que tengamos un sano optimismo y no nos dejemos dominar por el miedo o temor de quedarnos encerrados en nuestros templos o en una vivencia religiosa meramente privada y así no dar cumplimiento al mandato de Jesús de ser anunciadores de su evangelio a todo el mundo. Ante lo que ha sucedido en estas últimas semanas en los EE. UU. , con los asesinatos de policías y aprobación de leyes anticristianas, el arzobispo dijo: «ante las tragedias recientes podemos ver señales de que nuestro tejido social se está fracturando. Los que moldean y gobiernan las acciones de la sociedad han desarrollado una hostilidad hacia la religión y hacia los valores tradicionales de la familia; con una insistencia cada vez mayor vemos que están utilizando la fuerza bruta de la ley, -leyes impuestas de espaldas a la sociedad-, para imponer sus puntos de vista y negar los derechos fundamentales de los que no estamos de acuerdo con ellos».

No podemos negar que estamos atravesando en nuestros países un momento histórico en el que el compromiso de los cristianos en la esfera pública es más necesario que nunca. Los cristianos, – seamos católicos, protestantes u ortodoxos-, debemos poner entre paréntesis nuestras diferencias y cooperar para ofrecer respuestas auténticas a un occidente cada vez mas extraviado y desesperanzado.

En nuestra sociedad estamos asistiendo a un enfrascamiento cada vez más profundo contra esta mentalidad nihilista y deshumanizadora del hombre con estas legislaciones que nos quieren imponer bajo el manto de unos «falsos derechos», y vemos cómo grupos se abanderan con estas nuevas ideologías que no es más que la destrucción de la población y por lo tanto, destrucción de la vida humana ejempli cada en la eliminación de los más indefensos, como lo es el niño por nacer. Y es que la moda dominante del relativismo detesta la doctrina y las posiciones del cristianismo. Nos parecen acertadas las palabras del actor mexicano Cantin as, en su película «Su Excelencia», que dijera en un discurso a la asamblea de representantes de los países del mundo, lo siguiente:

«Estamos pasando un momento crucial, en que la humanidad se enfrenta a la misma humanidad. Estamos viviendo un momento histórico en que el hombre, cientí ca e intelectualmente es un gigante, pero moralmente es un pigmeo… No considero justo que la mitad de la humanidad, sea la que fuere, quede condenada a vivir bajo un régimen político que no es de su agrado por el simple voto de uno solo. Por eso no votaré por ninguno de los dos bandos: los procedimientos de los colorados (socialistas) son desastrosos, y los procedimientos de los verdes (capitalistas) tampoco son de lo más bondadosos que digamos. Para mí, todas las ideas son respetables, aunque sean ideítas o ideotas, aunque no esté de acuerdo con ellas. Lo que piense cada quien no impide que seamos buenos amigos. Todos creemos que nuestra manera de vivir, pensar, caminar, etc. es la mejor y queremos imponerle el chaleco a los demás; tan fácil que sería la existencia si tan solo respetásemos el modo de vivir de cada quien. Hace cien años ya lo dijo una de las guras más humildes y grandes de nuestro continente «el respeto al derecho ajeno es la paz» (Benito Juárez).

No podemos volarnos la barda de las ideas, porque el día que pensemos igual dejaremos de ser hombres para convertirnos en máquinas…

Hablan de la libre determinación de los pueblo, y sin embargo hace tiempo que oprimen a los pueblos sin permitirles que se den la forma de gobierno que más les convenga; cómo podemos votar por un sistema que habla de dignidad y acto seguido atropella lo más sagrado de la dignidad humana que es la libertad de conciencia eliminando o pretendiendo eliminar a Dios hasta por decreto. Los capitalistas hablan de paz y cosas muy bonitas, pero a veces pretenden imponer su voluntad por la fuerza del dinero. Ustedes también han sucumbido ante el materialismo; se han olvidado de los más bellos valores del espíritu pensando solo en el negocio… Debemos de pugnar para que el hombre piense en la paz.

Ayúdennos respetando nuestras costumbres, creencias, dignidad como seres humanos y personalidad como naciones, por pequeños y débiles que seamos. Practiquen la tolerancia y la fraternidad, que sabremos corresponderles, y no nos traten como peones en el tablero del ajedrez en la política internacional, no como clientes ni ratones de laboratorio, sino como seres humanos. En nuestro mundo debe reinar la buena voluntad y la concordia, si tan solo rigiéramos nuestras vidas por las palabras de Jesús: «amaos los unos a los otros». Pero hemos entendido mal, y confundimos los términos, y lo que hemos hecho es armarnos los unos contra los otros.

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