Religiosos coinciden en que la desigualdad causa violencia

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Legua afirma la sociedad se ha puesto como objetivo “el tener dinero”, perdiendo el norte

Santo Domingo.-Tras recordar el sentido de la celebración de la Navidad, religiosos de varias parroquias coincidieron ayer en que la violencia que sacude el país tiene su origen en la desigualdad, la exclusión social, la corrupción, la impunidad así como en la falta de oportunidades en los jóvenes.

Entre otras causas de la descomposición social que se registra no sólo en el país sino a nivel mundial, los devotos católicos también citaron como origen del problema el endeudamiento oficial y particular, la ambición desmedida de los políticos, empresarios y la gente en sentido general, que cada día se ha puesto como objetivo el tener más y más dinero, llegando al extremo de olvidarse de que nada tiene más valor que la vida.

A propósito de la Navidad instaron a la sociedad a colocarse en una actitud de esperanza y a rebajarse como lo hizo Jesús, impactando desde los estratos más bajos positivamente.

Domingo Legua director de la Pastoral Social de la Arquidiócesis de Santo Domingo; Nelson Acevedo, párroco de Sabana Perdida; Abraham Apolinario, sacerdote de la parroquia Santo Cura de Ars y Mario Serrano, director de los Centros Sociales de los Jesuítas, insistieron en que hacen falta cambios estructurales e institucionales, así como el hecho de que la sociedad se empodere para enfrentar los problemas que le atañen y que esos cambios involucren a todos los estamentos de la sociedad, inclusive la Iglesia.

Dicotomía

“El hombre ha perdido su norte entre el materialismo, el egoismo y el consumismo”, externó Legua.
Igual enfatizó que la gente vive “una dicotomía” que sólo se preocupa por conseguir lo que quiere y la posibilidad de lograrlo es hacer lo malhecho.

Al participar en el Almuerzo Semanal del Grupo de Comunicaciones Corripio, los sacerdotes deploraron el que la sociedad se haya convertido en “intolerante y violenta”, de ahí que insistieron en que habrá que volver a educar en valores, en infancia, como hicieron los antepasados, basados en la pobreza, honestidad y honradez.

Por igual, abogaron porque se enarbolen los mensajes del papa Francisco como una forma de reencausar a la sociedad por el camino del bien común.

Recordaron que nada puede ser transformado sin Dios y que la época evoca un carpintero y una familia pobre que lograron impactar.

“Para Dios no hay imposibles, la Navidad nos coloca entre las realidades que nos pueden parecer imposibles y a nosotros, que estamos llenos de grandes retos en el país, que parecería que no es posible enfrentarlos y transformarlos, nos coloca en una actitud de esperanzas”, comentó Mario Serrano.

Enfatizó en que es desde abajo, desde los que “aparentemente no sirven para nada”, que Dios construye y transforma la historia.

Como ejemplo citó el trabajo que en ocasiones realizan organizaciones sociales, que sin tener financiamientos ni recursos han creado más empoderamiento para articular planes.

Por YANET FÉLIZ
Fuente EL DIA

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