La venida del Hijo del hombre

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Allis Resek de Luna

El Evangelio de San Marcos 13, 24-32, nos habla de la venida del Hijo del Hombre entre nubes, con gran poder y gloria, y como será manifestada, el sol se oscurecerá, la luna no dará su resplandor y las estrellas caerán del cielo, entonces veremos la señal del Hijo del Hombre en el cielo, luego enviará sus ángeles y reunirá a sus elegidos, y finaliza diciendo “nadie sabe nada, ni los ángeles en el cielo, ni el Hijo, sino sólo el Padre”. Con este Evangelio Dios nos muestra que el día y la hora sólo Él lo sabe, que aunque el Hijo y el Padre son uno sólo, es decisión del Padre que no se nos revele su venida. El Padre cada día nos muestra signos que nos deben mantener alertas y vigilantes a la venida gloriosa de Dios.

Como verdaderos cristianos debemos vivir todos los días de nuestra vida como si fuera el día final, viendo de una manera positiva este Evangelio, poniendo todas nuestras esperanzas en la venida de Jesucristo y en que como Él nos dice “Su Palabra no pasará”.

Al momento de hacer mi cursillo de cristiandad me di cuenta que aplicando el trípode en mi vida (piedad, estudio y acción), iba preparándome y me mantiene alerta a estos signos, sanando las heridas, reconstituyendo relaciones con nuestros hermanos. Debemos de ver este Evangelio como un estímulo, para vivir en armonía y vivir cristianamente en nuestra sociedad.

Aunque muchos piensan que Jesús vendrá nuevamente, la realidad es que Jesús está aquí entre nosotros, y celebramos diariamente su muerte y resurrección en la Eucaristía.

Él nos manda a estar en vigilia, con trabajo y oración.

Esta vigilia no es más que estar alejado de tentaciones y del pecado, para estar preparado para el día final (nuestro día final). Es por todo esto que debemos permanecer en la gracia de Dios, para poder formar parte del grupo de los elegidos y alcanzar la plenitud de su reino.

Cuando uno muere es el fin del mundo para nosotros, ya no hay tiempo para arrepentirse, ni para justificarse ante Dios. Los que han muerto serán juzgados, por tal razón debemos de vivir alejados de las tentaciones y del pecado, ayudando a nuestro prójimo y darse en entero amor hacia los demás.

Quisiera terminar con esta frase “Todos nacimos para ser santos”.

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