EL SEÑOR HA ESTADO GRANDE CON NOSOTROS…

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Por: Jeannette Miller
jeannettemiller.r@gmail.com
CC 642

Estos últimos días han resultado y esperanza que actúa como ejemplos extremos del caos en que está sumido el planeta. Los seres humanos y la naturaleza han explotado en crímenes cada vez más horripilantes, corrupción que cada día crece más, fenómenos de la atmósfera nunca vistos que han sacudido a las personas y las han aterrorizado, porque parece que solo a través de la violencia el hombre reacciona.

Y con todo esto todavía no valoramos lo que tenemos cada día, esos tesoros como la vida, la salud, la familia, la amistad, la fe, el amor inacabable de Dios…

Y no sé si es coincidencia, pero me siento sorprendida de la especial protección que recibimos los dominicanos. No podemos negar que en medio de estas debacles hemos salido bien parados. Aunque sufrimos consecuencias, éstas no son de exterminio de nitivo. Como si esa con anza que lleva a muchos dominicanos a a rmar: – ¿Un ciclón enorme? Aquí no va a entrar- nos cubriera con un caparazón de fe repelente de esas desgracias enormes.

Y parece ser que es así, que ante esa convicción ciega de que Dios nos protege y que la Virgen de la Altagracia intercede por nosotros ante su Divino Hijo, el mal frena y se devuelve, dobla y nos deja tranquilos.

Dice el Señor que la fe es como un granito de mostaza, tan pequeño que a veces ni lo vemos bien; pero ese granito crece hasta convertirse en un árbol grande que cobija las aves de Dios.

En varias ocasiones, al escuchar la con anza ilimitada que muestran mis hermanos ante las debacles naturales, me he incomodado y hasta he achacado la actitud a falta de conocimiento, de instrucción.
Sin embargo, ahora me pregunto si es que yo no tengo la fe su ciente, esa fe ciega que cree y espera en lo que nunca ha visto, esa fe que ni siquiera se cuestiona sobre la permanencia de la luz de Dios.
Entonces tomo plena conciencia del agradecimiento, de esa actitud que debe constituir nuestras vidas desde que nos levantamos hasta que nos dormimos: Gracias Dios mío. Gracias Señor. Gracias…

Y esas gracias deben ser por todo, por lo que tenemos y por lo que no tenemos, por lo grande y por lo pequeño, por la protección ante el huracán y por la brisa fresca que de ne las tardes de gloria en una isla paradisíaca como es en la que vivimos.

Gracias Señor. Gracias Jesús. Gracias

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