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CUARESMA: NECESIDAD DE CONVERSION
Cuando iniciamos el tiempo de la Cuaresma, la liturgia de la palabra nos presenta el texto del libro de Joel 2,12, donde Dios nos dice: “Conviértanse a mí de todo corazón, con ayuno, con llanto, con luto. Rasguen sus corazones, no las vestiduras, conviértanse al Señor, Dios nuestro, porque es compasivo y misericordioso…”; y Jesús, desde el principio de su predicación nos llama a la conversión: “Se ha cumplido el tiempo y está cerca el Reino de Dios. Conviértanse y crean en el evangelio” (Mc 1,15).
La conversión que nos pide el Señor no es externa, sino interna: conversión del corazón y la mente. Esta conversión no sólo estamos llamados a buscarla en este tiempo de cuaresma, sino que es un camino que tenemos que recorrer constante y permanentemente hasta que nos vayamos de este mundo y también, hasta que el Señor vuelva. La conversión que quiere el Señor no tiene que ver con cambiarnos de iglesia o grupo religioso. La conversión busca y quiere purificar nuestra alma y nos guía a recomenzar de nuevo.
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